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11 Mayo 2008 

Mensaje de los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de España

MADRID, sábado, 24 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española sobre el 25 de marzo, Día de la Vida.

* * *




El domingo 25 de Marzo, muchas diócesis y asociaciones celebrarán el día de la Vida. Con esta ocasión los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida queremos dirigirnos a todos para ofrecer unos puntos de reflexión y para manifestar nuestro apoyo y aliento a esta celebración.

1. Ante la situación actual de España
La última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó unas Orientaciones morales ante la situación actual de España, que querían ofrecer unos criterios para el discernimiento que hoy es necesario.

En el terreno de la vida, nos encontramos en un momento preocupante de nuestra historia. Por un lado, los recientes cambios legislativos han llevado a que España tenga una de las legislaciones que menos protege la vida humana en el mundo entero. Por otro lado, desde las instituciones se promueve la promiscuidad sexual con la falsa esperanza de que el preservativo o el recurso a la “píldora del día después” permitirán una práctica “segura” del sexo. Pero al contrario de lo esperado, las enfermedades de transmisión sexual y los abortos siguen creciendo.

No menor preocupación suscitan algunos temas que aparecen recurrentemente en los medios de comunicación que pueden llegar a anestesiar las conciencias. En particular, diversos grupos de presión y muchos medios de comunicación promueven la regulación legal del aborto libre y de la eutanasia.

Por ello, como Pastores del “Pueblo de la Vida” (Evangelium vitae, n. 78), tenemos que denunciar la extensión en nuestra sociedad de una verdadera “cultura de la muerte”, una visión del hombre que deja sin fundamento sus derechos fundamentales y diluye en la conciencia social el valor de la vida y la dignidad de la persona.

Nos encontramos ante un verdadero “desafío cultural”, un cambio sin precedentes en el corazón y la conciencia de nuestras familias y de la sociedad. Este desafío requiere una respuesta a distintos niveles.

2. Ayudar eficazmente a las madres
La primera acción de promoción de una cultura de la vida es la atención a las situaciones donde la vida de una persona está en peligro. No basta que animemos a una mujer a que se sobreponga a las presiones que la empujan al aborto si no le ofrecemos los medios para ello. Por eso es imprescindible el precioso servicio que tantas asociaciones ofrecen a las madres embarazadas para que puedan llevar adelante su embarazo. Queremos agradecer a todos su trabajo en este campo, a la vez que los alentamos para que perseveren a pesar de tantas dificultades.

En este terreno asistencial tenemos también que felicitarnos por iniciativas como Red Madre, que permite una coordinación y sostenimiento institucional de la ayuda a la mujer embarazada. Nuestra sociedad está tomando conciencia de que muchas veces el aborto se produce porque la mujer se encuentra sola ante una fuerte presión que la empuja al aborto. La sociedad tiene la responsabilidad de ofrecer a estas mujeres la posibilidad de elegir que su hijo llegue a nacer. Por eso, un solo aborto es un enorme fracaso de nuestra sociedad.

3. Necesidad de conversión para generar una cultura de la vida
Siendo
insustituible la acción asistencial, no basta esta acción para dar respuesta al desafío cultural al que nos enfrentamos. Es necesario, sobre todo, fomentar entre los propios católicos una experiencia de fe, es decir, del reconocimiento de la presencia de Cristo entre nosotros, verdadera y fiel. Tan verdadera y fiel que pueda determinar todas las dimensiones de nuestra vida, como para que haga resplandecer en nosotros el amor a la propia vida y la gratitud por ella, y como para suscitar en nosotros la voluntad de ayudar y sostener siempre el amor a la vida de los demás, tratando de hacerlo posible con nuestro testimonio del amor de Cristo y con nuestro afecto. Llamar a esta experiencia de fe es llamar a la conversión. Todos contribuimos a la cultura de la muerte cuando nos sometemos a la mentalidad consumista, cuando hacemos del poder, del dinero, del estatus o del éxito social, los criterios que rigen el valor de la vida humana. Por eso, la conversión es siempre la primera responsabilidad de los católicos en relación con la vida. La primera, y la única verdaderamente indispensable, verdaderamente insustituible, si en verdad se ama la vida. En realidad, sólo un sujeto social –un pueblo– agradecido por la experiencia de la redención de Cristo puede expresar con verdad y generar una auténtica cultura de la vida.

Luego, pero sólo en un segundo momento, es necesaria también la presencia de intelectuales que propongan una cultura de la vida, que sean capaces de generar una argumentación adecuada a nuestro tiempo y que pueda iluminar la conciencia social. Personas públicas que se comprometan por la causa de la vida. Instituciones académicas, universitarias y culturales que promuevan en nuestra sociedad el valor de la vida. A las instituciones católicas y no católicas que trabajan por defender la vida, les queremos manifestar nuestro apoyo y aliento a su dura tarea. Esperamos que su común servicio a la vida sea capaz de generar una unidad de acción y un espíritu de comunión. Esta unidad será un testimonio convincente para la sociedad y también la garantía de un trabajo más fecundo.

4. Necesidad de incidir en las leyes y las políticas sociales

Una cultura de la vida, si es verdadera y no sólo un eslogan ideológico, incidirá necesariamente en la política. Un pueblo que ama la vida actúa sobre los partidos políticos que han de representarle para que propongan en sus planes electorales y luego desarrollen una legislación donde el valor de la vida sea protegido y promovido.

En el campo del aborto y de la reproducción asistida, tenemos en España unas leyes que atentan contra la vida, y que por tanto tienen que ser abolidas.

Pero también debemos tomar conciencia de que si las autoridades sanitarias velaran por el cumplimiento de la ley y de las condiciones en que el aborto está despenalizado, no es temerario suponer que el número de abortos en España se reduciría drásticamente. Por ello, a la vez que pedimos a la sociedad y a los políticos la abolición de los supuestos en los que el aborto está despenalizado, porque es una ley gravemente injusta, instamos a las instituciones sanitarias a que persigan estos abusos. Es una grave responsabilidad de las autoridades.

5. La gravísima amenaza de la eutanasia
Una
de las cuestiones que vemos con mayor preocupación es la campaña que, desde diversos ámbitos, se realiza para promover la aceptación social de la eutanasia. La metodología es la que se empleó en la legalización del aborto: se presentan casos dramáticos para que el sentimiento, aparentemente “bueno” y “piadoso” de “ayudar” al enfermo que sufre, se imponga al recto juicio. Es, pues, una manipulación que no por sutil es menos real. Estos últimos días lo hemos vivido con mayor intensidad por el desgraciado caso de todos conocido.

Además de denunciar estos hechos como moralmente inaceptables, queremos recordar a la sociedad que una cosa es el suicidio asistido y otra la eutanasia. La práctica legalmente consentida de la eutanasia consiste en que una persona da muerte a otra. Basta que miremos a países cercanos, como Holanda, para comprender lo que esto supone y a dónde llega la sociedad en esta pendiente resbaladiza.

Por otra parte, si consideramos la situación de la práctica del aborto en España, es clara la falacia de los que abogan por una despenalización de la eutanasia en determinados supuestos y con unas rigurosas condiciones. ¿Cómo pueden garantizar que para la eutanasia se cumplirán esas condiciones que en el aborto se ignoran?

Nuestra sociedad está a tiempo de abandonar el camino que la lleva a la práctica de la eutanasia. Para ello tenemos que trabajar con empeño y confianza, sin olvidar que en esto los políticos tienen una singular responsabilidad.

En primer lugar, tenemos que ofrecer nuestro apoyo, compañía, y los medios médicos lícitos para aliviar el dolor y sufrimiento de los enfermos cuya vida sufre un grave deterioro. A la vez que les descubrimos el valor de su sufrimiento unido a la Cruz de Cristo, tenemos que sostenerles en su lucha contra la tentación de la desesperación o el suicidio y aliviar su sufrimiento con los medios que la actual medicina paliativa nos ofrece.

Hay que generar una cultura de la dignidad de la persona enferma y del valor de su vida, que despierte en nuestra en nuestra sociedad la conciencia de la inmoralidad de la eutanasia. Para ello la Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española titulada La eutanasia es inmoral y antisocial puede ser un instrumento útil.

6. Una acción decidida a favor de la vida
Todos
tenemos la responsabilidad de promover la vida, cada uno en la medida de sus posibilidades, para evitar la extensión en nuestra sociedad de la cultura de la muerte y de leyes antivida.

La verdad del evangelio exige la coherencia de los católicos en todas las dimensiones de la vida, y también en la vida pública. Es cierto que la primera y más directa responsabilidad respecto de las leyes es de los políticos que las promueven, pero los ciudadanos tenemos la responsabilidad de no respaldar a quienes promueven leyes que atentan, de un modo u otro, contra el valor sagrado de la vida. El bien de la sociedad requiere que cada uno asuma más seriamente su propia responsabilidad, también el conjunto de los cristianos como pueblo, en la construcción de un futuro más humano.

Terminamos recordando unas palabras de las Orientaciones morales aprobadas recientemente, para que nos iluminen en nuestra responsabilidad y en la promoción decidida de una cultura de la vida:

«En consecuencia, los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida y a la justificación moral de sus propuestas y programas. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas. “Es preciso afrontar -señala el Papa- con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social”»(Orientaciones morales ante la situación actual de España, n. 56).

Dios quiera que este tiempo de cuaresma, tiempo de renovación y de conversión, nos ayude a renovar nuestro compromiso por la vida y a convertirnos a la vida. Que la Virgen María, que en el misterio de la Encarnación acogió en su seno al que es la Vida, Jesucristo, nos sostenga en este camino cuaresmal que conduce a la Pascua, fiesta de la Vida. Recibid nuestra más afectuosa bendición.

Madrid, 19 de marzo de 2007, Solemnidad de San José

Los Obispos de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida
Mons. Julián Barrio Barrio,
Presidente de la CEAS
Mons. Juan Antonio Reig Pla,
Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida
Mons. Francisco Gil Hellín
Mons. Javier Martínez Fernández
Mons. Vicente Juan Segura


11 Mayo 2008 


Adolfo J.
Castañeda



Director de
Programas Educativos de VHI



 



Según la
prestigiosa agencia informativa provida, LifeSiteNews.com
[1], “el Fondo de Población de la ONU (FNUAP o UNFPA, por sus siglas en
inglés), patrocinó una reunión de 180 parlamentarios en Bankog la semana pasada
[del 20 al 24 de noviembre del 2006], con el objeto de lograr que los
legisladores se comprometieran a promover los ‘derechos reproductivos’”. Esta
frase, al igual que otras, como “salud reproductiva”, “equidad de género”,
“aborto inseguro” y “maternidad sin riesgos”, son utilizadas por la ONU, según
continuó informando LifeSiteNews.com,
para promover el aborto a petición.



 



La agencia
provida también informó que los parlamentarios se comprometieron a llevar a
cabo esfuerzos nacionales, para “asegurar que el nuevo objetivo de acceso
universal a la salud reproductiva fuese integrado inmediata y completamente en
las estrategias de desarrollo y le sea otorgada la más alta prioridad en los
planes, implementación y supervisión de los ministerios gubernamentales”.



 



Llama la
atención, como señala LifeSiteNews.com,
que los parlamentarios realizaron este compromiso antivida basándose en el
Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y
Desarrollo (CIPD), que el FNUAP llevó a cabo en El Cairo en 1994. Los
observadores provida, continúa informando LifeSiteNews.com,
“están preocupados de que el FNUAP esté intentando influir en las naciones para
liberalizar las leyes del aborto por medio de la promoción de este
controversial documento”. En efecto, estos líderes provida “señalan que la Asamblea General
de la ONU nunca ha definido el término ‘salud reproductiva’ de manera tal que
incluya el aborto, ni tampoco lo hizo la Conferencia de El Cairo”. “Sin
embargo”, continúa señalando la agencia noticiosa provida canadiense, “las
agencias de la ONU, como el propio FNUAP, la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y los comités de la ONU que se ocupan de la implementación de
sus tratados, continúan malinterpretando el Programa de Acción, el documento
resultante de la Conferencia de El Cairo, para presionar a los países a que
liberalicen sus leyes respecto del aborto”.



 



En realidad,
y esta es nuestra observación, la ONU y sus aliados, como la abortista
Federación Internacional de Planificación de la Familia
(IPPF, por sus siglas en inglés) [2], han estado hablando de un presunto
“consenso” de El Cairo a favor del aborto [3], consenso que nunca ha existido. La realidad es que
aún una rápida ojeada al texto del Programa de Acción revela claramente que
varios países presentaron serias reservas al mismo. Entre esos países en aquel
entonces se encontraban El Salvador, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Argentina,
República Dominicana, Ecuador, Guatemala y Perú [4].



 



Por falta de
espacio, damos sólo un ejemplo de declaración de reserva. La delegación de
Honduras declaró que aceptaba “los conceptos de ‘planificación familiar’,
‘salud sexual’, ‘salud reproductiva’, ‘maternidad sin riesgos’, ‘regulación de
la fertilidad’, ‘derechos reproductivos’ y ‘derechos sexuales’, cuando en los mismos no se incluya el aborto
o la interrupción del embarazo, ya que Honduras no acepta estos como acciones
arbitrarias ni como medios de regulación de la fecundidad o de control
poblacional
” [4]. Las delegaciones de los demás países mencionados dijeron
esencialmente lo mismo [4].



 



Lo que hemos
observado con el transcurrir de los años desde la Conferencia de El Cairo
(1994) hasta el presente, es que la ONU y sus aliados quieren implementar a empellones su agenda abortista en las
naciones cuyas leyes todavía respetan la vida, como lo son la mayoría de los
países latinoamericanos. Ya en el año 2000, la OMS se encargó de forzar la
definición de “salud reproductiva” de El Cairo, para incluir en ella la legalización del aborto quirúrgico [5],
cuando en realidad el texto del Programa de Acción dice expresamente que “en
ningún caso se debe promover el aborto como método de planificación de la
familia” [6]. Hay que señalar enseguida que el término “planificación de la
familia” es una parte muy significativa de la definición de “salud
reproductiva” del documento final de El Cairo [7]. El término “planificación de
la familia” es otro eufemismo para encubrir el aborto químico, el causado por
los anticonceptivos abortivos [7], [8].



 



Desde el
2002, la ONU ha estado patrocinando estas reuniones proaborto de
parlamentarios. En ese año tuvo lugar la primera en Ottawa, Canadá. La segunda
se llevó a cabo en Estrasburgo en el 2004 [1]. La mencionada en este artículo
es la tercera. El
objetivo de todas ellas es el mismo: lograr implementar la agenda
escondidamente abortista de El Cairo de que para el año 2015 todos tengan
acceso a la “salud reproductiva” [9], que para la ONU, significa aborto en todas
sus formas, sin importar lo que las naciones hayan objetado.



 



Notas:



[1].
Samantha Singson, “UNFPA Convened Meeting Gets 180 Parlamentarians to Endorse
Abortion”, LifeSiteNews.com, 30 de
noviembre del 2006. Para conocer más acerca de la ONU y del FNUAP, visite, en
el portal de VHI, http://www.vidahumana.org,
la sección “Naciones Unidas”, en: http://www.vidahumana.org/vidafam/onu/onu_index.html.



[2]. IPPF Corporate Brochure, 20. http://www.ippf.org/about/corporatebrochure/index.htm,
bajado el 17 de junio del 2004. Para conocer más acerca de la IPPF, visite, en
el portal de VHI, la sección “IPPF”, en: http://www.vidahumana.org/vidafam/ippf/ippf_index.html.



[3]. “Cuenta regresiva 2015 emite declaración sobre el
aborto,” Novedades en Salud Sexual y
Reproductiva
, boletín electrónico de la IPPF, 13 de septiembre del 2004, http://www.ippfwhr.org/global/news/novedades/archives_s.asp.
Bajado el 16 de septiembre del 2004. Citado en “Los planes abortistas de la
IPPF hasta el 2015”,
Boletín Electrónico de VHI, 20 de
septiembre del 2004, Vol. 9, No. 6, http://www.vidahumana.org/news/20SEPT04.html.



[4]. FNUAP, Programa de
Acción de la
Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo,
Segunda Parte: Declaraciones y reservas del Programa de Acción, 13 de
septiembre de 1994, disponible en línea en español en: http://www.unfpa.org/spanish/icpd_poa.htm.
El énfasis es nuestro. De aquí en adelante citaremos este documento utilizando
simplemente las siglas CIPD, seguidas del número del parágrafo correspondiente.



[5]. M. Berer, “Making Abortions Safe: A Matter of Good Public Health
Policy and Practice,” Bulletin of the
World Health Organization
, Vol. 75, No. 5, 2000, 580-583. En cercana
relación con esta fuente, véase: J. Patrick Vaughan y Carla AbouZahr,
“Reproductive Health: Widening Horizons”, Editorial, Bulletin of the World Health Organization, Vol. 75, No. 5, 2000,
569.
Ambos artículos se encuentran
citados en



“El porqué el eufemismo
‘salud reproductiva’ sí incluye el aborto (II)”, Boletín Electrónico de VHI, 2 de junio del 2004, Vol. 8, No. 20, http://www.vidahumana.org/news/2JUNIO04.html.



[6]. CIPD, 8.25.



[7]. CIPD, 72.



[8]. Para conocer más acerca
de los anticonceptivos abortivos, visite, en el portal de VHI, las siguientes
secciones:



“Anticoncepción”, en: http://www.vidahumana.org/vidafam/anticon/anticon_index.html.



“Anticoncepción de
emergencia”, en: http://www.vidahumana.org/vidafam/anticon/emergencia_index.html.



[9]. CIPD, 7.6.



 



11 Mayo 2008 

El objetivo es salvar la vida de más de medio millón de mujeres que mueren cada año en el mundo por problemas relacionados embarazo y el parto

Jano On-line y agencias
18/10/2006 10:26


La LXI Asamblea General de las Naciones Unidas ha adoptado como nueva meta
el acceso universal a la salud reproductiva en el año 2015 dentro del quinto
Objetivo de Desarrollo del Milenio, reconociendo la importancia de los
servicios de prevención, tratamiento y cuidados en este campo para mejorar
la salud materna y para salvar la vida de más de medio millón de mujeres que
mueren cada año por problemas relacionados embarazo y el parto.
Esta inclusión constituye la culminación de una intensa campaña llevada a
cabo por las numerosas organizaciones que trabajan por la salud y los
derechos sexuales y reproductivos en todo el mundo, según informó el Grupo
de Interés Español en Población Desarrollo y Salud Reproductiva.
En concreto, la jornada de hoy se dedica, dentro de la Semana de
Movilizaciones contra la Pobreza, al quinto y sexto Objetivo de Desarrollo
del Milenio: "Mejorar la salud materna" y "Combatir el VIH/sida, la malaria
y otras enfermedades".
Para el Grupo de Interés Español en Población Desarrollo y Salud
Reproductiva, la salud sexual y reproductiva es uno de los aspectos más
importantes de las políticas de salud en general y tiene una "importancia
crucial" en la reducción de la pobreza a nivel global. A pesar de la
oposición continuada por parte de algunos gobiernos, incluyendo Estados
Unidos, la Asamblea General de la ONU ha tomado una decisión que salvará
vidas y reducirá el sufrimiento de millones de mujeres en todo el mundo,
especialmente las más pobres, que soportan una tasa desproporcionada de
mortalidad materna y mala salud.
En opinión de la plataforma, la decisión de la ONU constituye "un paso
importantísimo", pero también sería necesario detallar los numerosos
aspectos que están incluidos dentro del concepto de 'salud reproductiva' y
que van desde la educación sexual, el asesoramiento, el acceso a métodos de
planificación familiar, los controles prenatales, el acceso al aborto legal
y en condiciones seguras, la atención medica durante y después embarazo, y
no únicamente en el momento del parto.
Los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio conforman el marco de trabajo
para la reducción de la pobreza, gracias a las 18 metas específicas (ahora
22) que han de alcanzarse para 2015. De esta manera, el quinto objetivo que
es la mejora de la salud materna queda establecido con dos metas:
"Reducción, entre 1990 y 2015, la mortalidad materna en tres cuartas partes"
y "Acceso Universal a la Salud Reproductiva en 2015".
La probabilidad de fallecer a causa de complicaciones del embarazo y el
parto en África es de una entre veinte, y llega a tasas tan dramáticas como
las de Nigeria, donde una de cada siete mujeres muere por este motivo,
mientras que en países como Suecia esta estadística es de una entre 29.800,
recordó la plataforma.

 


11 Mayo 2008 

Habla José María Simón Castellví de la Federación Internacional de Médicos Católicos

BARCELONA, jueves, 13 marzo 2008 (ZENIT.org).- La Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC) prepara un documento a nivel mundial sobre el uso de métodos anticonceptivos que se hará público antes del verano, probablemente en Roma, con motivo del cuadragésimo  aniversario de la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI. El actual presidente de Fiamc, el doctor español José María Simón Castellví, adelantó a Zenit algunos aspectos del contenido del documento, actualmente en fase de redacción. 

La Fiamc fue constituida en 1966 con la aprobación de sus estatutos por parte del 11º congreso Internacional de Médicos Católicos, celebrado en Manila, y por parte de la Santa Sede. Sin embargo, el asociacionismo de médicos católicos es muy anterior: la primera asociación de médicos católicos se fundó en Francia en 1884 durante el pontificado de León XIII, seguida de otras en varios países de Europa.

En 1924 se formó un Secretariado Internacional de Sociedades Nacionales de Médicos católicos, que organizó los primeros encuentros supranacionales de estas asociaciones (en primero en Bruselas en 1935), con miras a establecer una federación de alcance mundial. En el 11° congreso, realizado Manila en 1966, los Estatutos oficiales y lineamientos de FIAMC fueron adoptados por la Asamblea General y aprobados por la Santa Sede. Actualmente cuenta entre sus miembros a asociaciones de los cinco continentes. 

--¿Con qué propósito se elabora el documento y a quiénes va dirigido?

--José María Simón: El documento está dirigido a los médicos, católicos o no, que comparten los principios éticos y antropológicos de la cultura de la vida. El ponente es el profesor de Ginecología y Obstetricia suizo Rudolf Ehmann, egregio miembro de nuestra Federación, que ahora mismo está trabajando en Camerún. Habrá también aportaciones de nuestro comité ejecutivo y del asistente eclesiástico, monseñor Maurizio Calipari.

La encíclica de Pablo VI es magisterio, que sólo lo puede hacer el Papa o los obispos en comunión con él; al respecto nuestro documento debe considerarse más bien como un «peritaje cualificado». La misma encíclica, en uno de sus párrafos, decía: «consideren los médicos y el resto del personal sanitario, como propio deber profesional, el dar consejos y directrices a los esposos que les consultan». Somos conscientes, como profesionales, de la dificultad de promover esta doctrina, y después de cuarenta años aceptamos el reto.

El tema del documento es la anticoncepción y la regulación de la natalidad, porque no olvidemos que los medios aceptados por la Iglesia, llamados «naturales» porque respetan los ciclos naturales de la mujer, no sólo sirven para espaciar los nacimientos sino también para buscarlos. La encíclica, por tanto, no debe ser vista desde el punto de vista exclusivamente negativo, como rechazo de la anticoncepción.

Por otro lado, lo que propone la doctrina es lo natural, porque una mujer fértil no es una enferma, por lo tanto darle un fármaco no concuerda mucho con su estado de salud. Uno toma un fármaco cuando tiene un problema que corregir, no cuando está sano.

--Existe un poco de confusión con los tipos de píldoras existentes: si son abortivas o no, etc. ¿qué juicio  puede darnos como médico?

--José María Simón: Existen tres tipos de píldora: la Ru-486, la del día después y la anticonceptiva. Sobre la primera el juicio está claro, se trata de un combinado producido para provocar una muerte, y ni siquiera merece el nombre de medicamento. La píldora del día después es un fármaco que, en el 70% de las veces en que actúa, lo hace para eliminar un óvulo humano  fecundado, y por tanto es también abortiva. La píldora anticonceptiva tiene otra valoración porque no produce la muerte del embrión. La valoración no es positiva, pero no tiene la misma gravedad moral que las anteriores.

Como médico debo decir que ninguno de los tres tipos de píldora es inocuo para el organismo femenino, al contrario. La Ru-486 puede llegar a producir la muerte; la píldora del día después tiene también muchos efectos secundarios. Además, hay que señalar que el uso de la píldora del día después contradice el mito del «sexo seguro», porque lo único que impide es el embarazo, y no el contagio de las 26 enfermedades de transmisión sexual conocidas hasta ahora.

Respecto a la píldora anticonceptiva, lo que produce es una alteración hormonal para evitar la ovulación, y esto a largo plazo puede estar asociado a fenómenos de trombosis, hipertensión o depresiones.

De todas formas el juicio moral negativo no se remite a los efectos  secundarios, porque si el día de mañana se diseñara una píldora que no los tuviera, el juicio seguiría siendo negativo. Yo suelo decir, a modo de símil, que un adulterio de pensamiento no tiene efectos materiales, pero no por ello deja de estar mal.

En el documento que estamos preparando, y que estamos haciendo con mucho cariño, afronta muchas de estas cuestiones, porque entendemos que la responsabilidad no recae sólo sobre nuestros pastores: sin la opinión cualificada de los médicos católicos, la cuestión de la defensa de la vida quedaría un poco coja. En el embarazo y el parto, la figura del médico es necesaria, somos un elemento clave, y no sólo el ginecólogo, también el médico de familia, al que muchas veces se le pide orientación.

--¿Qué responsabilidad tienen los médicos en la extensión de la «mentalidad contraria a la vida» que triunfa actualmente en Occidente?

--José María Simón: Somos evidentemente una pieza clave. También nosotros estamos a veces manipulados por el mundo del dinero, por la industria farmacéutica que muchas veces empuja al médico a prácticas que no son necesarias.

En cualquier caso el médico es un puntal, porque tiene un  alto reconocimiento tanto dentro como fuera de la Iglesia. En el caso de la Humanae Vitae, la poca aceptación que ha tenido esta doctrina nos permite ahora a nosotros proponer los puntos de vista contenidos en ella sin que sea interpretado como una imposición, desde una buena praxis médica y una sana antropología.

En cualquier caso, en Occidente existía, dentro de la profesión médica, una transmisión de valores éticos que no se realizaba en las Universidades, sino fundamentalmente en la relación maestro-alumno: uno aprendía a manejarse en la profesión haciendo prácticas en un servicio médico a las órdenes de un facultativo más anciano, y allí se le inculcaban en la práctica, en los gestos, muchos valores, como el trato respetuoso al paciente, el valor de la vida enferma, etc.

Sin embargo, desde la aparición de las asignaturas de bioética, este aprendizaje personal se está perdiendo, y ha sido invadido por las ideologías. Entonces, dependiendo de qué facultad se trate, se enseñan unas ideologías u otras. Por desgracia, un estudiante o recién licenciado hoy, como muestran las estadísticas, no tiene las ideas éticas claras, y es más influenciable.

--Volviendo al documento, la Humanae Vitae fue criticadísima en el momento de su publicación, incluso por algunos episcopados, aunque prácticamente todos la han aceptado ya. ¿Cuáles fueron los aspectos que más rechazo provocaron entre los propios católicos?

--José María Simón: Cuando uno tiene un problema (o cree que lo tiene) y cree que no debe tener más hijos, el personal sanitario en ese momento tiene que darle una respuesta antropológicamente correcta. En ese momento, la píldora anticonceptiva parecía una solución rápida, barata y directa, que no planteaba los problemas éticos del aborto. Esto, unido a la presión de la industria farmacéutica, hizo que se olvidasen otros medios.

La misma asociación de médicos católicos de Estados Unidos sufrió al respecto una crisis interna importante por el apoyo a la píldora. Hoy sin embargo, su presidenta Kathleen M. Raviele, es una médico experta en métodos naturales de regulación de la fertilidad. Las cosas han ido cambiando, pero ahora, después de cuarenta años, necesitamos un nuevo impulso.

Creo que en este tiempo los médicos católicos no hemos hecho lo que teníamos que hacer. Muchas veces no es sólo cuestión de los sacerdotes el dar consejos a los esposos en cuestiones íntimas. En nuestras asociaciones somos muchos los que vemos el problema, y queremos afrontar nuestra responsabilidad.

--¿Qué es lo que ha producido ese cambio de postura respecto a la píldora?

--José María Simón: La vuelta al respeto de la naturaleza. Por ejemplo, no sé si usted recuerda, cuando yo era pequeño estaba muy de moda, el rechazo de la lactancia materna y la utilización masiva de las leches artificiales para alimentar a los bebés. Eso se veía como un adelanto, en cambio ahora es unánime el apoyo a la lactancia materna. Ese industrialismo que parece que resuelve tantas cosas, en el fondo no es la solución.

Pues con la regulación de la fertilidad pasa lo mismo: si la mujer tiene unos días fértiles y otros infértiles, que permiten regular los nacimientos de forma natural, ¿para qué utilizar un método artificial que no respeta la naturaleza? Además, la experiencia muestra que los métodos naturales funcionan muy bien. Quizás existe el inconveniente de que hay que aprenderlo bien, etc. Pero la mujer que toma la píldora tiene que hacerse análisis regularmente, tiene que hacer controles... Tampoco es un método fácil. Hay que hacer entender a la gente que si se ponen en la balanza los métodos naturales y los artificiales, hay una gran diferencia.

Quizá estos métodos, que se apoyan en los ciclos de la mujer y por tanto son  gratuitos, hay veces que la misma gratuidad hace que las cosas no se valoren. Luego hay mujeres con problemas, ciclos irregulares, patologías... los médicos están precisamente para eso, para orientar.

--¿Cree usted que los métodos naturales deberían enseñarse en las Facultades de Medicina, por lo menos en aquellas que se dicen católicas?

--José María Simón: Sin duda. Además en la Humanae Vitae, Pablo VI trasladaba esta responsabilidad a los médicos. Quizás debería figurar, no tanto como una asignatura en sí, sino como un apartado importante de la asignatura de Obstetricia.

--En cualquier caso, el nudo del asunto, como planteaba la Humanae Vitae, no es tanto el método anticonceptivo en sí sino el valorar la maternidad como un bien...

--José María Simón: Efectivamente, Pablo VI hablaba de «razones graves», que tienen que valorar los esposos, para posponer un nacimiento porque los hijos son un bien. Hoy, sin embargo, unos esposos que quieran tener los hijos que Dios les dé sufren un acoso importante  en contra, por parte muchas veces de los mismos agentes sanitarios. Hay especialidades en las que es mejor acudir hoy al profesional católico para evitar ese acoso, por ejemplo en el caso de los ginecólogos o incluso en el de los psiquiatras. Y el problema aumenta porque no hay muchos ginecólogos que sigan la doctrina de la Iglesia.

Nosotros estamos preparando actualmente un congreso de ginecólogos católicos que se va a celebrar en Roma, y constatamos este problema. Muchas mujeres católicas no pueden acudir a ginecólogos que respeten sus creencias. Por tanto, existe un mobbing hacia la maternidad, que muchas veces no es directo pero existe: la mueca de una comadrona, la actitud de un médico... y no es la excepción sino por desgracia la regla general.

Hay una expresión que me parece muy triste, que he leído en algún periódico económico, de que «Europa está envejeciendo, tiene que aumentar la natalidad porque si no no habrá quien pague las pensiones». Es una cosa tristísima, que se hable de tener hijos no por amor sino por puro interés social, es una perversión.

Por tanto, la revalorización de la maternidad, la cultura de la vida, tiene que empezar por los propios médicos. El ejemplo es muy importante, porque en Medicina lo que transmiten los maestros es muy importante. Un aspirante que trabaja en un servicio de ginecología en el que se respeta la vida, aunque no sea creyente, ese aprendizaje marcará su trayectoria profesional.

Un ginecólogo me decía el otro día: «es que si me convierto a la antropología cristiana, no podré hacer un montón de cosas, no podré recetar la píldora, no podré esterilizar, etc.» Es como si un romano objetara que si se hacía cristiano no podría ir al circo a ver cómo las fieras se comían a otros cristianos, o tener varias mujeres o pegarle a su esclavo. No se renuncia a nada que sea bueno, hay que ver las cosas en positivo.

--Por último, del contenido de ese documento que la Fiamc prepara, ¿qué podría avanzar como más novedoso?

--José María Simón: Indudablemente, la asunción de sus responsabilidades por parte del médico católico. Es una responsabilidad que no podemos eludir, ni siquiera formalmente. Tenemos un problema, y nosotros somos una pieza clave en él, y por tanto tenemos que afrontarlo.

--Es bien conocido el juramento hipocrático, que defiende claramente la vida. ¿Tienen los médicos católicos alguna fórmula propia?

--José María Simón: Sí, los médicos católicos tenemos una fórmula de juramento aprobada por la Santa Sede, que tiene una primera parte para el médico católico, y otra para el médico que, aunque no sea creyente, comparta los valores humanos que defendemos.

Personalmente me gusta más el juramento de Maimónides, judío español, que hablaba del único Dios, mientras Hipócrates hablaba de los dioses paganos. Aunque me conformaría con que en Occidente se respetara el juramento hipocrático. Ya sería un gran paso adelante.

Por Inmaculada Álvarez


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11 Mayo 2008 

Las mentiras del aborto

Se recrudece el debate en Gran Bretaña

ROMA, domingo, 17 junio 2007 (ZENIT.org).- El debate sobre el aborto ha vuelto a recrudecerse en Gran Bretaña. En un sermón el 31 de mayo, el arzobispo de Edimburgo, el cardenal Keith O’Brien, criticaba con dureza las seguridades de que se hablaba cuando se legalizó el aborto en Gran Bretaña.

El cardenal describía las afirmación hecha cuando se aprobó la ley del aborto en 1967 como «mentiras e informaciones falsas que enmascaradas como compasión y verdad». Se dijo a la gente que el aborto sería algo infrecuente y sólo se usaría en casos extremos, explicaba.

El sermón tuvo lugar con ocasión de la celebración del Día de la Vida en la Iglesia de Escocia. Se escogió la fecha para que coincidiera con la fiesta de la Visitación, que el cardenal O’Brien describía como «la afirmación del valor inmenso de la vida desde su concepción».

«En cada vida concebida Dios actúa directamente para crear un nuevo y único ser humano, una persona destinada a la vida eterna», indicaba el cardenal.

Añadía que en el mundo de hoy, desgraciadamente, el embarazo no es siempre bienvenido. En los casi 40 años desde la introducción del aborto legal en Gran Bretaña se ha puesto fin a cerca de 7 millones de vidas, observaba el cardenal O’Brien.

Poco antes de su homilía, se publicaba cifras que mostraban el aumento de abortos en Escocia. En el 2006, con la cifra más alta hasta el momento, se pusieron fin a 13.081 embarazos, en comparación con los 12.603 del año anterior, informaba el 29 de mayo al BBC. El número de abortos de adolescentes de menos de 16 también marcó un nuevo clímax, con 362 en el 2006, por encima de los 341 del año anterior.

«La escala de la matanza va más allá de nuestro entendimiento», declaraba el cardenal O’Brien en su sermón. «En Escocia asesinamos cada día el equivalente a una clase llena de niños».

El cardenal O’Brien también tuvo duras palabras para los políticos. Les animó a no tener nada que ver con «el malvado comercio del aborto», y a buscar medios que cambien la legislación que lo permite. Para aquellos políticos que «se dicen católicos», afirmaba el cardenal, «les pediría que examinaran sus conciencias y discernieran si tienen algo que ver en el sostenimiento de este mal social».

Asimismo, tocó un tema muy debatido en Estados Unidos al advertir que cooperar «en el inenarrable crimen del aborto» implica una barrera para recibir la comunión.

La vida es sagrada
El mismo día, el arzobispo de Westminster, el cardenal Cormac Murphy-O’Connor, publicaba una declaración sobre la sacralidad de la vida. Hizo esta declaración en preparación para el Día anual de la Vida, que la Iglesia de Inglaterra y Gales celebra el 1 de julio.

Toda vida, desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, es sagrada, declaraba el cardenal Cormac Murphy-O’Connor en su nota de prensa del 31 de mayo.

«Querría animar a todos los católicos, especialmente a los que ocupan puestos de responsabilidad pública, a que se educaran en las enseñanzas de la Iglesia, y buscaran consejo pastoral para que puedan tomar decisiones informadas con consistencia e integridad», añadía.

El cardenal también recordó la enseñanza de la Iglesia de que quienes hayan cometido un grave mal libre y conscientemente no deberían recibir la Eucaristía antes de haberse confesado.

Estas palabras fueron respaldas poco después por el arzobispo Peter Smith de Cardiff, en Gales. Los políticos que votan a favor del aborto no deberían recibir la comunión, indicaba, según un reportaje de Reuters el 2 de junio.

Mons. Smith declaró que no prohibiría a dichos políticos la comunión, pero agregó que contaba con que los políticos implicados no la pidieran.

Reacciones críticas
El tema de los políticos católicos y el aborto ha demostrado ser un asunto sensible, como evidencian las numerosas reacciones en contra de la prensa y los comentaristas. Un editorial del periódico Scotsman el 1 de junio reconocía el derecho del cardenal O’Brien a expresar su postura sobre el aborto.

El periódico estaba menos de acuerdo con sus palabras sobre los políticos, afirmando que estaba «en terreno peligroso al dar la idea de estar interfiriendo en política».

Un editorial del periódico Guardian el 2 de junio salmodiaba que en el tema del aborto «se deben resistir» los esfuerzos de la Iglesia católica. Sin embargo, en una especie de concesión ante la galería, el Guardian añadía que aprobaba las intervenciones de la Iglesia en la vida pública cuando se trata del tema de cancelar la deuda del mundo en desarrollo.

En un artículo de opinión el 3 de junio para el periódico Scotland on Sunday, Dani Garavelli, que se denominaba católico practicante, rechazaba las palabras del cardenal O’Brien como «chantaje emocional».

Considerando «siniestras» las advertencias del cardenal a los políticos católicos, Garavelli calificaba a los líderes católicos de «ideólogos».

El 2 de junio, en las columnas de opinión del periódico Independent, Jemima Lewis mostraba una opinión más favorable. La libertad de expresar las propias creencias es una característica central de cualquier democracia, afirmaba defendiendo el derecho del cardenal O’Brien a hablar sobre el aborto.

Describiéndose a sí misma como una «católica lapsa pro aborto», Lewis reconocía no obstante que «el argumento pro aborto está acribillado de falta de honradez y evasivas. Estaba de acuerdo con el argumento del cardenal O’Brien de que se dispone con demasiada libertad del aborto. Lewis también sostenía que no se presta suficiente atención a los efectos secundarios en las mujeres.

Este tema, de hecho, se presentó en un artículo publicado en el periódico Scotsman el 26 de febrero. Describía los sentimientos de miseria y culpabilidad que una mujer, de nombre «Sarah», sintió tras abortar a su bebé a las 22 semanas de embarazo.

Destrucción del alma
El artículo se publicó poco después de que una bebé, Amillia Taylor, naciera en Estados Unidos con sólo 22 semanas de embarazo, y sobreviviera. «Es una destrucción del alma», afirmaba Sarah de su experiencia del aborto. La opinión pública británica también se vio sacudida por el reciente anuncio de que cerca de 1 de cada 30 bebés abortados sobreviven al procedimiento. Los supervivientes viven una media de 80 minutos, informaba el 20 de abril el periódico Daily Mail.

La mayoría de los bebés que sobreviven inicialmente al aborto tienen entre 20 y 24 semanas de embarazo, aunque algunos lo han logrado con sólo 17 semanas.

Las cifras, explicaba el Daily Mail, vienen de un estudio en la región de West Midlands, donde los investigadores examinaron, entre 1995 y el 2004, los resultados de 3.189 abortos llevados a cabo en fetos gravemente disminuidos en 20 hospitales.

Los resultados mostraron que 102, abortados principalmente por motivos como el síndrome de Down y defectos del corazón, nacieron vivos. El estudio se publicó en la British Journal of Obstetrics.

El aborto también ha sido tema de debate en el parlamento del Reino Unido, con tres leyes propuestas por sus miembros en los últimos ocho meses, informaba el 4 de junio el Guardian. Las leyes, iniciativas privadas sin apoyo del gobierno, en realidad tenían pocas oportunidades de éxito.

A pesar de saber esto, los parlamentarios pro vida intentaron sin embargo conseguir la aprobación de sus propuestas. Las leyes contemplaban medidas que van desde la introducción de consultorías para mujeres que buscan a abortar, hasta a obligar a un periodo de reflexión antes de proceder al aborto, y reducir el actual periodo de 24 semanas dentro del cual el aborto se permite libremente.

Se ha centrado la atención en el tema del aborto, añadía el Guardian, debido a que la conferencia de la British Medical Association, que se reunirá a finales de junio, debatirá una propuesta de votar a favor de liberalizar la legislación del aborto.

En su sermón del 31 de mayo, el cardenal O’Brien pedía al conjunto de la sociedad «que aceptara con alegría la nueva vida», y luchara contra la cultura de la muerte promovida por la industria abortiva.

«Debemos seguir dando testimonio de la verdad y seguir siendo inequívocos al defender la vida en todo lo que hacemos», concluía.

Por el padre John Flynn, L. C.

 

 


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